Eduardo Fuentes

Eduardo Fuentes

Director de Teatro, Traductor, Actor, Profesor de Interpretación y de Lectura en Voz Alta.

http://www.laleoneralecturas.es

COMO  DIRECTOR de ESCENA:

1984 – “El Indio quiere el Bronx” de Israel Horowitz

1996- “Trainspotting” de Irvine Welsh.

1999-  “La Naranja Mecánica” de Anthony Burguess     1989-  “Mala Yerba” de Rafael Mendizábal

1998- “Ay, Carmela” de José Sanchís Sinisterra.

2000-  “Caos” de Antonio Álamo.

2000-  “Notas de Cocina” de Rodrigo García.

2004- “Proyecto Hildegart” E. Fuentes/Manuel Benito

2006-  “El ladrón de columnas” de Juan José Millás /E. Fuentes

Como ACTOR ha participado en los siguientes montajes:

1982  “Las bicicletas son para el verano” de Fernando Fernán Gómez, DIrección Jose Carlos Plaza.

1983- “Proceso para la sombra de un burro”  e F. Dürrenmatt. Dirección  J.C. Plaza / Fernando Sansegundo

1985   “El caso 315” de Julián Egea. Dirección M. Angel Egea.

INTERPRETACIÓN DE TEXTOS A TRAVÉS DE LA LECTURA EN VOZ ALTA

Saber leer = saber decir

La técnica de LVA se basa en la respiración, en armonizar la mente y la voz mediante la respiración. Para ello seguimos las indicaciones de los signos de puntuación, con la precisión con la que un músico interpreta su partitura.

También le damos a la lectura un ritmo y un tono, en función  de cómo se expresa el autor, si desde el recuerdo o mediante la reflexión, si describiendo una realidad (o fantasía), opinando, o manipulando el lenguaje con intención.

Y en todo ello interviene la respiración. Como lo hace también para que fluya de con determinación, pero sin perder, ni hacerlo perder, el hilo ni el sentido de lo que se está leyendo.

Del mismo modo aprendemos a tener en cuenta la presencia de una audiencia y la de aquel mundo en el que nos adentra la lectura.

Pues buscamos, no sólo la transmisión de unos conceptos, o sus imágenes literarias, sino que buscamos transportar al oyente al lugar al que le remite el texto.

En fin, buscamos que el lector disfrute, sabiendo que lo que lee, se entiende bien, y es grato, que no requiere gran esfuerzo para el oyente, que trata con respeto el estilo de lo escrito y que hace de la lectura un hecho, si no mágico, sí coherente y digno de ser escuchado.


 
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